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Abriendo nuevas rutas en los Caminos del Inca

El trayecto de 43 kilómetros que va desde Cusco a Machu Picchu, conocido comúnmente como el Camino del Inca, es solo una pequeña parte de la extensa red de senderos y vías que conectó todos los rincones del Imperio Inca. Construidos durante el siglo XV, se trata de 30 mil kilómetros de caminos en los casi 2 millones de kilómetros cuadrados del Tahuantinsuyo, como se llamaba al territorio del Imperio. Muchos de esos caminos atraviesan el Valle Sagrado, explica José Lavilla, oriundo de Cusco que los ha recorrido desde que era un niño y que hoy trabaja como guía explora en esta región. Desde allí nos cuenta, en primera persona, qué es lo más le gusta de este destino y cuál es la próxima aventura por descubrir en los Caminos del Inca.

José Lavilla, guía en explora Valle Sagrado

Cuando uno habla del Camino del Inca, suele confundirse con la ruta comercial, una expedición de 4 días en que la gente acampa en diversos puntos, pero la red de caminos incas es inmensa y conecta grandes áreas de Sudamérica. Aquí en el Valle Sagrado tenemos muchos caminos incas y algunas de nuestras exploraciones pasan por ellos, como la de Amor Violento y muchas de las que recorren el sector de la Puna.

Orgullo de explorador

Siempre supe que sería guía, porque me gusta recorrer, me gusta impregnarme de cada lugar caminando, observando el entorno, sintiendo la altura, el frío, el calor, el viento o la calma de la brisa. Quiero que mis viajeros superen sus propios límites y que logren una exploración profunda, en la que se den el tiempo para disfrutar del viaje de otra manera, para involucrarse con el lugar y con su gente, para conocerlo al ritmo de sus propios tiempos, de sus pasos, de sus aires.

Esto es lo que me apasiona: trabajar con personas dispuestas a involucrarse de ese modo con cada rincón. En otras palabras, personas que están dispuestas a vivir la exploración profunda.

Lo que más me gusta de mi trabajo es la satisfacción que muestran los viajeros al volver de cada exploración. Algunos se sienten orgullosos de sí mismos por haber superado sus propios límites, otros vuelven emocionados por haber vivido nuevas experiencias, otros por haber conocido otra cultura. Todos vuelven con algún pequeño y profundo cambio.

Subiendo por el Valle Sagrado

Nuestra forma de recorrer el Valle Sagrado es a través de 3 niveles: partimos en el piso quechua, ascendemos hacia el Suni y así llegamos a la Puna. A los viajeros les gusta, porque van cambiando de vegetación y de vista, pero también de historias y de gente.

Imagínense: estamos en el piso quechua, entre 2.500 y 3.500 metros sobre el nivel del mar. Sentimos el viento en la cara y vemos los cultivos de maíz y las hortalizas en un terreno fértil por los sedimentos que bajan desde el río Urubamba.

Seguimos subiendo, y entre los 3.500 y los 4.100 metros sobre el nivel del mar, llegamos al Suni, palabra quechua que significa largo o alto. Nos recibe un panorama lleno de colores gracias a las flores de la papa, con distintos tonos de púrpura y el verde de la vegetación.

Más arriba nos encontramos con la Puna, que parte en los 4.100 metros y llega hasta los 4.500 msnm. La altura nos obliga a aclimatarnos un poco, pero vale la pena para ver cómo los campos de maíz dan paso a las dunas y a la nieve. Incluso divisamos glaciares, y si el clima lo permite, frente a ellos podemos contemplar los bosques de queñuas, uno de los pocos árboles que crecen en este frío. Es una imagen única.

Además del panorama, está la conexión con la gente. Yo entiendo y hablo el quechua, y con esto facilito el contacto entre los viajeros y las personas del lugar. Imaginen lo que es estar ahí, a casi 5.000 metros de altura, en medio de la nada, y  que un pastor comparta parte de su vida, y de lo que hace.

Tipón, un ejemplo de ingeniería hidráulica de los incas.

Una nueva aventura

Allí, en la Puna, parte una caminata de 13 kilómetros desde el valle del río Urubamba hasta Pachatusan, una de las montañas sagradas que vigilan la región. Esta es una de mis rutas favoritas y por eso me entusiasma que forme parte de las nuevas exploraciones de este año.

Este trayecto es una manera única de recorrer parte del Camino del Inca y llegar a Tipón, un centro arqueológico casi desconocido en el que se rinde culto al agua, uno de los pocos que aún se encuentran activos, y un ejemplo de ingeniería hidráulica de los incas.

El agua aflora desde canales subterráneos, aportando con su murmullo a la tranquilidad del lugar. Cuando estoy ahí, me dejo llevar por la calma y la sensación de contemplar un lugar detenido en el tiempo. Es esta experiencia la que quiero que los viajeros se lleven al completar la exploración.

 

 

 

 

 

 

explora Valle Sagrado

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