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El paisaje de Isla de Pascua en sus propias palabras

Para conocer la cultura Rapa Nui en Isla de Pascua, el mejor camino es conversar con su gente. Son ellos quienes han resguardado su historia a través de la tradición oral por generaciones. Diego, jefe de exploraciones en explora Rapa Nui, elige tres términos de su lengua originaria que ayudan a descifrar los misterios de la isla.

AHU

Los Ahu son lugares sagrados. A simple vista, se reconocen como la plataforma de piedra sobre la cual se levanta un moai. Sin embargo, en su interior contienen cavidades funerarias donde se depositaban los restos mortales de los líderes de cada familia. Cada uno tiene características propias, pero todos expresan la importancia de respetar y proteger la memoria de los antepasados. Por ejemplo, Ahu Tongariki, en el extremo este de Isla de Pascua, es uno de los más imponentes y sostiene a 15 moai. El Ahu Akivi, a los pies del volcán Terevaka, es el único en que sus siete moai están mirando en dirección al mar, celebrando así el recuerdo de los siete jóvenes navegantes que durante el siglo VI partieron desde Polinesia en busca de la isla, según cuenta la tradición oral.

Muchas veces, al final del día los viajeros se reúnen al frente del Ahu Tahai, en Hanga Roa, el pueblo principal, a esperar que el sol caiga exactamente detrás de los moai. El ritual se repite día tras día, no sólo por las ganas de fotografiarse bajo las sombras largas de estas figuras, sino también, porque de cierta forma se siente muy vivo el Mana, el poder místico de los antepasados de Isla de Pascua que emana desde lo más profundo de cada Ahu.

 

RANO

El origen de Rapa Nui fueron violentas erupciones volcánicas que formaron su geografía con fuego y lava. Hoy ninguno de los volcanes de la isla se encuentra activo, lo que ha permitido que cumplan un rol fundamental en el desarrollo de la cultura Rapa Nui; sus cráteres contienen el agua dulce necesaria para vivir (en Isla de Pascua no hay ni lagos ni ríos), y es por esto que se les bautizó con su propia palabra: Rano.

En uno de los extremos de la isla se encuentra el cráter de Rano Kau, en donde en su interior, a unos 250 metros de profundidad, se acumula agua en la que flotan pequeñas islas formadas por juncos de totora, donde el agua de lluvia es contenida evitando que caiga al Océano Pacífico. Las aves que migran desde el continente sin duda agradecen su permanencia.

En el otro extremo de Isla de Pascua se levanta el volcán Rano Raraku, cuyo cráter también acumula agua dulce. Es el mismo cono volcánico que sirvió de cantera para proveer la roca con que se esculpía a los moai. En sus faldas se han localizado 397 de estas esculturas en distintas etapas de avance. Algunos quedaron con la cabeza hacia abajo, como recién emergiendo de la montaña. Otros, levemente asomados en la superficie, solo dejan imaginar sus dimensiones reales.

 

MOTU

Los motu, aquellos islotes que enfrentan el extremo suroeste de Isla de Pascua, fueron el escenario del culto al hombre pájaro. El más imponente es el Motu Kao Kao, una roca de casi 20 metros de altura que se alza como una estaca en el mar. Mar adentro, un poco más lejos, se encuentra Motu Iti, que al estar más protegida, ofrece las mejores condiciones para la práctica de buceo y snorkelling. Sus aguas son tan claras que la visibilidad puede alcanzar hasta los 60 metros.

Por último, Motu Nui es la cima de una gran montaña que se alza a más de 2000 metros sobre el fondo marino. Este último tiene especial relevancia, porque hasta allí nadaban los competidores del Tangata Manu, ceremonia en que los representantes de distintos linajes intentaban conseguir el primer huevo de la gaviota manutara. Desde Orongo, en la cima del volcán Rano Kau, los participantes debían descender por el acantilado hasta el mar y nadar hasta Motu Nui, el lugar de anidamiento preferido del ave legendaria, símbolo de buena suerte. Una vez conseguido el huevo, había que volver rápidamente a la isla nadando los más de 1.500 metros que separan al Motu Nui de la isla, para luego trepar el acantilado del Rano Kau y entregar el trofeo a los jueces. El vencedor era proclamado hombre-pájaro, reencarnación del dios creador Make Make, obteniendo una serie de privilegios por el período de un año para él y su tribu.

El Motu o Pope, en el borde de la costa sur, es uno de los preferidos por explora. A diferencia de los grandes motus donde se realizaba la competencia del hombre pájaro, el Motu o Pope no supera un metro de altura. Ubicado en la orilla del mar, forma una poza perfecta que permite flotar sin pensar en nada más.

Con estos tres términos: Ahu, Rano y Motu, ciertamente no podríamos descifrar el código de Rongorongo – antiguo sistema de la escritura Rapa Nui-, pero conocer más de su historia nos permite comenzar a explorar en forma más profunda los volcanes, costas y mar que conforman la Isla de Pascua.

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