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Exploradores por siempre

Jane Cresswell y su familia se tomaron nueve meses de sus ajetreadas vidas para viajar por el mundo, comenzando por la Patagonia…

Como familia, siempre nos encantaron nuestras vacaciones, pero eran solo eso, vacaciones, un descanso de la rutina, sentarse al lado de la piscina o en una playa. Y comencé a darme cuenta de que no eran precisamente relajantes. Crees que puedes sentarte y leer un libro, pero, en realidad, no puedes, porque los niños se aburren. No quieren ir al club de niños. Necesitan explorar.

 

 

Llevamos la aventura en la sangre

Para mi esposo y para mí, viajar todos en familia durante nueve meses era una decisión muy importante. Los niños no iban a ir a la escuela, teníamos que renunciar a nuestros empleos, alquilar la casa… Pero realmente queríamos hacerlo, de modo que lo hicimos posible.

Ambos venimos de familias a las que les encanta viajar. Mi padre trabajó mucho en el exterior cuando yo era joven, de modo que comencé a viajar en avión antes de tener un año. Cumplí los dos años en España, a los 11 vivía en Florida. La familia de mi esposo también era bastante atrevida.

Mis tres hijos (que ahora tienen 8, 5 y 2) ya viajaban en avión a las 8 semanas de vida. Estaban acostumbrados a las nuevas experiencias. Pero esto era algo muy diferente.

 

 

Primera parada: la Patagonia

Comenzamos en Chile, y las primeras tres paradas fueron con explora: Patagonia, Atacama y luego la Isla de Pascua.

Cuando estoy en mi casa, en Londres, siempre les digo a mis hijos: “Quédense cerca”, “No se vayan lejos”. Pero en la Patagonia, mientras caminaban por bosques y glaciares, tenían tanta libertad… Aprendieron a confiar en sí mismos, a darse cuenta de cuán lejos podrían ir sin perderse. Les permitimos elegir: ¿caminamos por aquí o subimos allá?

 

“El mundo cobró vida para los niños de una manera que ningún libro de texto podría igualar”

 

Aprender el arte de explorar

En casa, a nuestros hijos no les gustaba mucho caminar, en especial, a nuestra hija. Pero aquí, encontrando ramas y piedras a cada paso, y con las guías de explora que nos brindaban tanta información sobre el medioambiente, la altura a la que estábamos, los nombres de las plantas, los animales que vivían en los alrededores, caminaban felices,  solo el entorno los estimulaba. Por donde miraran había algo maravilloso por ver.

 

El capítulo de Atacama

Desde la Patagonia, volamos hacia Atacama. ¡Qué contraste! Praderas de cactus, flamencos, el Valle de la Luna, los niños probaban la sal de las rocas. Cada uno tenía un “libro de proyectos”, en el que escribía lo que veía y lo que hacía cada día. Aprendieron muchísimo sobre la historia y la geografía de Chile con las guías. Más de lo que podrían haber aprendido en la escuela.

 

 

Una lección sobre cómo empacar

Desde allí, fuimos a la Isla de Pascua y, lamentablemente, ¡la aerolínea perdió la maleta de los niños! De modo que llegaron con las botas para caminar y las prendas abrigadas que llevaban puestas, totalmente inadecuadas para el clima tropical. El personal de explora recorrió toda la isla en busca de sandalias y camisetas para ellos. Pero no necesitamos mucho. En general, nuestro viaje fue una excelente lección sobre lo poco que necesitamos para vivir. Dejamos tantas cosas antes de partir y, entre todos, teníamos solo tres maletas para todo el viaje. Los niños llevaron uno o dos juguetes especiales o recuerdos de casa en una pequeña mochila. Durante el viaje, encontraron cosas con las que jugar.

 

La magia de la Isla de Pascua

Desde el cráter volcánico hasta las estatuas conocidas como “moái” y las magníficas playas, la Isla de Pascua fue fascinante. Fuimos a una expedición de esnórquel y los niños se zambulleron en el increíble mar púrpura desde el bote. Se desplomaron sin dudarlo. Y siempre, después de nuestras exploraciones, volvíamos al hotel y nos sentíamos bienvenidos y cómodos, y nos encantaba conocer a otros viajeros y compartir historias.  

 

 

Exploradores de por vida

Los niños se sienten mucho más seguros de sí mismos desde nuestro viaje. Y, como familia, fue un momento muy especial en el que fortalecimos los vínculos. Mi hijo de dos años quizás no lo recuerde cuando sea mayor, pero siento que el viaje ayudó a moldear su carácter. El mundo cobró vida para los niños de una manera que ningún libro de texto podría igualar.

Puede seguir las aventuras de la familia Cresswell en Instagram @jecresswell

 

explora Patagonia

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