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Los niños de las dunas

Para José Miguel Martínez Abraham, guía de explora en Atacama, las nuevas aventuras dan rienda suelta al niño que todos llevamos dentro

José Miguel Martínez Abraham Guía en explora Atacama

Durante la exploración de Cornisas, comenzamos escalando un gran cañón: a la distancia, vemos los Andes y la cordillera de Domeyko; a un costado, la particular Cordillera de la Sal; y, debajo, la aldea de San Pedro de Atacama, en el medio del desierto.

 

En el corazón del desierto

Les cuento a los viajeros cómo, hace millones de años, las tierras se elevaron para crear esas montañas y volcanes. Cerramos los ojos y nos imaginamos el rugir. Recordamos a los primeros habitantes de Atacama, almas valientes que vinieron a conquistar el desierto. Respiramos el aire seco del desierto. En los momentos de silencio, soñamos. A cada paso, sentimos en el viento la presencia de la Pachamama, la Madre Tierra.

 

Un viaje de descubrimiento

Bajando del cañón hacia el Valle de Marte, me encuentro con los niños de las dunas. Sin excepción, en cualquier momento del día en que bajemos por las dunas, aparecen los niños, siempre en el mismo lugar. Con los ojos bien abiertos, algunos me miran con emoción, otros, un poco asustados.

 

Sorpréndase

Los llevo de la mano. Al principio, su risa es tímida, pero luego es más entusiasta. Descalzos, sentimos el alma del desierto. Niños y niñas corren, saltan y ruedan. Curiosos, alegres y desordenados, no les importa ensuciarse y caerse. Lo ridículo es sentirse ridículo. A veces, se detienen a mirar el color marrón claro de las montañas de la Cordillera de la Sal y se maravillan con sus misteriosas formas. En el fondo, el imponente volcán Licancabur parece brindarnos protección. Y las dunas nos invitan a continuar el vertiginoso descenso por su parte trasera.

 

 

…Si la magia existe, creo que la encontré en esas dunas de Atacama…

 

 

Reviva la alegría de la niñez

Si la magia existe, creo que la encontré en esas dunas de Atacama. No importa de dónde vienen los viajeros. No importa si su cabello es negro, marrón, rubio o blanco. No importa si la piel de sus rodillas es suave o áspera por las aventuras pasadas. No importa si el tiempo ha dejado arrugas en sus rostros. No importa cuál sea su edad. Lo único que importa es que estos niños siempre estarán en estas dunas mágicas. Los niños de las dunas.

explora Atacama

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