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Los sabores profundos del Valle Sagrado

Que los viajeros descubran la rica historia de los incas no solo con la vista, sino a través de todos los sentidos: este es el objetivo de Rodrigo Naranjo, chef ejecutivo de explora Valle Sagrado. Aquí nos cuenta cómo lo está consiguiendo.

Rodrigo Naranjo, chef ejecutivo de explora Valle Sagrado

Mi propio viaje como Chef comenzó en la ciudad, en Lima, y nunca imaginé que me traería hasta el Valle Sagrado, el punto que fue alguna vez la despensa del imperio Inca. Mi trabajo me ha ayudado a conectar con el paisaje y su gente, cosechando y preparando muchos de los mismos productos que los incas plantaron hace siglos en esta tierra privilegiada.

No es una exageración: la quinoa, la kiwicha o el tarwi que hoy plantamos son los mismos alimentos andinos con que ellos se nutrieron. Incluso las terrazas que usamos para nuestros cultivos se han mantenido con las mismas piedras que emplearon los incas hace siglos.

Por eso siento que la gastronomía es una manera de completar el círculo que el viajero inicia cuando explora el Valle Sagrado. A pocos pasos del hotel ya se encuentra con los maizales, la quinoa, la muña y el aguaymanto, que son parte del paisaje. Al recorrer el Valle, y a lo largo del río Urubamba, se encontrará con pobladores recolectando las papas de la tierra. Incluso podría tener la fortuna de ayudarlos a cosechar algunas de las más de 2400 variedades de papas que hay en el Valle.

Al terminar el día, cuando se siente a la mesa, mirará su plato y ¿qué verá? Más que alimentos, más que una receta: verá una historia. Va a revivir lo que sus sentidos experimentaron durante la exploración, recordará el aroma de las hierbas y volverá a sentir la tierra en sus manos mientras sacaba esa misma papa que ahora está en su plato.

Quiero que en ese momento se sienta orgulloso y piense “Yo mismo la traje, acá me la sancocharon y ahora la estoy disfrutando”.

No se me ocurre una exploración más profunda que la que proviene de una vivencia que literalmente tiene sus raíces en esta tierra.

Lograr que el viajero viva esta experiencia es parte de mi propia exploración, una que quiero exprimir al máximo. En este proceso descubrí nuevos insumos gracias a los muchachos de la cocina, todos habitantes de Cusco. Ellos ponen su sazón, pero también su historia. Cada vez que armamos un plato, vienen con ideas de su zona. Así desarrollamos el concepto de nuestra carta: recetas tradicionales de la gastronomía peruana fusionadas con productos propios del Valle Sagrado.

Desarrollamos el concepto de nuestra carta usando los insumos propios de la zona, fusionándolos con platos típicos de la gastronomía peruana.

Gracias a este enfoque, la gente reconoce nuestro toque. Por ejemplo, nuestro trío de causas combina crocancia y suavidad en un plato en el que predominan el amarillo intenso de la papa de la zona y el verde de la palta local, y le agregamos langostino y pulpo típicos del norte. Esta mezcla produce sensaciones muy diferentes en las alturas del Valle Sagrado. Incluso el ceviche tiene aquí su propio carácter: en vez de pescado blanco usamos trucha, típica de la zona, que aporta sabores y colores particulares.

Para profundizar esta experiencia, estamos desarrollando un huerto en el que los viajeros podrán ver todo lo que sembramos, y así puedan conocer directamente lo que los incas cultivaron. Mientras más usemos productos de nuestro huerto, más cerca estaremos de ofrecer una experiencia de cultura, que es lo que a nosotros más nos llena de orgullo.

Allá en Lima, nunca imaginé algo así. Uno siempre quiere un jardín en casa para cosechar plantitas, ajíes, pero tener un jardín en el Valle Sagrado es otra cosa. Trabajar la tierra nos enseña a valorar el insumo antes de llevarlo al plato. Creo que participar en el proceso de cultivar y cosechar lo que vas a comer, metiendo las manos en la tierra, también es parte de una exploración profunda.

explora Valle Sagrado

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