Stories

Una siesta en el mirador Toro

Algunas veces, explorar se trata de quedarse quieto y saborear el momento, como Maki Torres Fernández, guía de explora Patagonia, descubre

Maki Torres Fernández , guía en explora Patagonia

 

Una tarde llevé a un pequeño grupo de viajeros al mirador Toro.

Me encontré con dos parejas en el vestíbulo del hotel, les di una pequeña introducción y, luego de llenar nuestras botellas de agua, nos fuimos.

 

Un lugar para las despedidas

Ambas parejas se iban el día siguiente, por lo que esta era su última caminata en el parque. El mirador Toro ofrece las vistas clásicas de postales del Parque Nacional Torres del Paine. Era un lugar ideal para una despedida.

El mirador Toro no es una expedición físicamente demandante, es una caminata relativamente corta. El viaje se trata más de disfrutar las vistas y de llenar los pulmones de aire puro.

 

Aquí un rato

Este día, tuve la sensación de que los viajeros estaban apurados. Caminaron rápido y en silencio, aceleraron la marcha y no se detuvieron a observar y admirar a su alrededor.

Luego de solo 30 minutos, llegamos al mirador, una gran roca que sale de un montículo. Era un día hermoso y no quería que los viajeros se perdieran esta maravillosa vista. Por eso, tomé mi botella de agua y algunos bocados de mi mochila, la dejé en el suelo y me senté, poniéndome cómoda.

“Estaremos aquí un rato”, les dije.

“¿Cuánto tiempo es un rato?” respondieron. Solo sonreí y dije con confianza, “No lo sé, un rato…”

Saqué mi suéter de lana, lo extendí detrás de mí en la roca y me recosté cómodamente para mirar el cielo. Sin decir una palabra, ellos hicieron lo mismo.

 

 

Rindiéndose a la espera

Los primeros tres o cuatro minutos fueron tensos.

Me miraron, confundidos porque no me movía. Luego, una de las parejas se entregó a la espera y se sentó en la roca, que estaba caliente por el sol. “Es un lugar perfecto para una siesta”, dijeron. En respuesta, saqué mi suéter de lana, lo extendí detrás de mí en la roca y me recosté cómodamente para mirar el cielo. Sin decir una palabra, ellos hicieron lo mismo. La brisa era una música ambiente y nadie dijo otra palabra. En ese momento, lo entendimos. ¡Nos conectamos!

 

Un poco más

Casi 30 minutos más tarde, me senté y eché un vistazo. Uno de ellos aún estaba adormecido, el resto respiraba lento. “¿Piensan que es hora de volver?” Susurré. Por un momento no hubo respuesta, luego dijeron: “Solo un poco más…”

Cuando finalmente llegamos a la ruta, los viajeros confesaron que su siesta en el mirador Toro sería un momento inolvidable para ellos.

Incluso ahora, no puedo recordar con exactitud cuánto duro el “pequeño momento” ese día. Solo recuerdo el calor de la roca en mi espalda y la conexión que sentimos, los viajeros y yo, con el aire, el sol, y la naturaleza.

explora Patagonia

Suscríbase a nuestro boletín de noticias
Suscríbete para recibir actualizaciones exclusivas de explorer