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El llamado del viento

Las fuerzas de la naturaleza pueden ser intimidantes, pero también pueden ayudarnos a soltar, como descubrió la guía explora Maki Torres Fernández

Maki Torres Fernándezguía en explora Patagonia

La Patagonia es famosa por sus vistas increíbles, sus paisajes diversos y su geografía caprichosa, pero también es famosa por sus vientos extremos. Sería complicado encontrar una descripción de esta región que no mencione la intensidad de los vientos del sur.

 

Persiguiendo cataratas en el Parque Nacional Torres del Paine

Una de nuestras exploraciones más expuestas a los vientos es el lago Nordenskjöld, especialmente alrededor de la catarata de Salto Grande.

Una mañana temprano en febrero, llevé a un par de viajeros a la catarata. Se iban más tarde ese día, pero no querían perderse el Salto Grande. Nos reunimos a las 8.30 a. m. para que pudieran disfrutar de las vistas antes de hacer el registro de salida del hotel.

Cuando llegamos, el viento era intenso y estaban un poco asustados. El sonido era tan ensordecedor que apenas nos escuchábamos entre nosotros, pero antes de salir de la camioneta, les dije todo lo que necesitaban saber sobre caminar en el viento de forma segura. Preparamos nuestros bastones de senderismo y les pedí que confiaran en sus músculos. Les prometí que todo iba a estar bien y que la aventura valdría la pena. Estaban ansiosos e impacientes por llegar.

 

 

Aprender a soltar

A pesar de estar en temporada alta, estábamos solos cuando llegamos a Salto Grande, uno de los lugares más visitados en el Parque Nacional Torres del Paine. Gracias a nuestra ubicación cercana y a que salimos temprano, conseguimos ser los primeros en llegar.

Pronto noté que la viajera estaba molesta. Estaba tratando de sacar fotos, pero los vientos fuertes hacían que fuera imposible sacar una foto quieta. Le ofrecí ayuda, pero aún parecía desconcertada.

“¿Estás bien?” Le pregunté fuerte, para que pudiera escucharme.

“¡Estoy tan enojada con el viento que quiero gritar!” respondió.

“¡Entonces grita!” Dije.

Su marido me miraba con incredulidad. «Normalmente ella es muy tímida», explicó.

Decidida, les pedí que me acompañaran a un punto más alto sobre una roca sedimentaria que se había desgastado por la erosión durante miles de años. Cuando llegamos a la cima, comencé a gritar.

 

 

La liberación de energía fue tan intensa que estábamos todos llorando para cuando dejamos de gritar.

 

 

La fuerza del viento

“Ahora es su turno”, les dije. “Si quieren, podemos gritar todos juntos”.

Y entonces, sin más discusión o vacilación, los tres comenzamos a gritar a los vientos patagónicos que azotaban a nuestro alrededor. La liberación de energía fue tan intensa que estábamos todos llorando para cuando dejamos de gritar.

La viajera ya no estaba enojada, estresada, ni molesta por el viento. Estaba presente, todos estábamos presentes, y los tres nos conectamos. Cuando llegamos de vuelta al hotel nos despedimos y me agradecieron con un abrazo.

“Esto, lo llevaré conmigo”, me dijo ella. “Cada vez que esté enojada, saldré a mi terraza a gritar y a recordar la fuerza del viento”.

explora Patagonia

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